Cada añada es distinta.
Nosotros no.
Constantes por naturaleza

No hacemos siempre lo mismo.
Seria imposible, ya que cada añada trae algo distinto y con ella cambia también lo que aprendemos. Por eso antes de decidir nada, probamos sentimos y decidimos.
Por ello la constancia es estar presentes en la tierra todo el año, para no perderse las cosas que ocurren.
Un mosaico de de pequeños viñedos.
Poseemos un mosaico de viñedos, distribuidos como pequeñas fichas sueltas de un puzle principalmente por Castrelo. No forman una superficie homogénea ni perfecta, por que cambia el suelo, la orientación, la humedad y la edad de las cepas.
Por lo que no los podemos tratar por igual, hay que pisarlos, verlos y sentirlos uno a uno, para poder conocerlos


En un pequeño garaje no caben todas las modas.
Ni todas las ocurrencias ni tendencias. Una bodega pequeña obliga a elegir. Dentro de nuestra bodega hay barro, acero, cemento, madera y cristal, con diferentes formas y por supuesto texturas.
Elegimos el recipiente según nuestra experiencia y el paisaje de donde viene la uva, y a veces según lo que ese año nos haya traído.
El vino decide el tiempo que necesita, y cuando llega el momento, solo lo movemos en luna menguante y con el cielo despejado.
El origen
Nuestra historia no empezó con una marca.

Empezó en una casa en la que la familia llevaba el vino a la mesa antes de llevarlo ninguna etiqueta.
En 1758 un testamento ya menciona el lagar de piedra en nuestra casa de A Balada y las viñas en emparrado, un paisaje que se mantiene hoy en nuestra comarca.
Nueve generaciones después, seguimos aquí.

Trazamos nuestro propio camino.
Elaboramos con total libertad
Nuestros vinos no siguen tendencias ni buscan encajar en ningún mercado.
Prefieren hablar por sí mismos.
La Bodega
Una microbodega llena de contrastes, donde cada decisión se toma con sencillez

Elaboramos nuestros vinos en un pequeño espacio donde conviven la memoria, experiencia y formas diversas de entender cada añada. Sus paredes de piedra guardan el recuerdo de varias generaciones, y cada recipiente —tinajas, ánforas, damajuanas, hormigón, acero o madera— está al servicio de lo que pide cada viñedo y cada vendimia.
Nuestro objetivo es simple: guardar lo que nos cuentan nuestras viñas y compartirlo, cuando llega el momento, en cada botella.

