
VIÑEDOS
Es en la viña donde todo empieza.
Trabajamos pequeñas parcelas que cuidamos nosotros mismos, acompañándolas a lo largo del año con la certeza de que cada vino nace mucho antes de llegar a la bodega.
Pequeñas parcelas, cada una con su ritmo


Trabajamos un mosaico de parcelas pequeñas repartidas principalmente en el entorno de Cambados y nos expandimos un poco en sus proximidades e influencias.
No forman una única superficie continua, sino un conjunto de viñas distintas entre sí, con exposiciones, equilibrios y ritmos propios. Esa fragmentación no es un inconveniente: es parte esencial de la identidad del proyecto, y de la identidad de nuestra tierra, y parte decisiva del carácter de nuestros vinos.
Las cuidamos nosotros mismos y las sentimos como una herencia viva, no solo por lo que recibimos de ellas, sino por el vínculo que mantenemos con cada una.
Suelo vivo, entorno vivo
Nuestras viñas se asientan sobre suelos de granito descompuesto y en algunas zonas, sobre antiguos sedimentos fluviomarinos. Pero más allá de su composición, una parte importante es mantener el suelo con vida.
Sembramos cubiertas vegetales junto con las especies que acompañan de forma natural a cada parcela. No buscamos una misma lógica en todos los viñedos, sino que intentamos entender lo que cada uno necesita.
Las cubiertas nos ayudan a mejorar la estructura y la microbiota, y nos apoyamos en especies que facilitan el desbloqueo, la captura y fijación de nutrientes para que sean absorbidos por nuestras cepas.
Lo que buscamos es un suelo más activo y con mayor capacidad de equilibrio.
Convivimos con el entorno que nos rodea

Trabajamos nuestras viñas respetando el entorno que las rodea.
Insectos, aves, plantas y pequeños animales forman parte de un equilibrio que intentamos preservar en cada parcela.
No buscamos controlar la naturaleza, sino convivir con ella, entendiendo que cuanto más diverso es el entorno, más equilibrio encontramos en los viñedos y menor necesidad de intervención demandan.




El valor está en cómo miramos
No entendemos la calidad como una categoría abstracta, teórica, sino como una consecuencia del esfuerzo que supone el cuidado, la presencia y el tiempo.
La viña nos enseña a mirar despacio, ser constantes, repetir los gestos necesarios y confiar en el equilibrio que cada parcela es capaz de encontrar con los años.
Ahí es donde empieza el camino para nosotros, y quizás forme parte de la identidad de nuestros vinos.






