Y es en la casa donde todo ocurre.

Una familia constante.

CAMBADOS · DESDE 1758

Una casa de piedra, una bodega pequeña y una familia, todo en el mismo lugar.

01 · LA FAMILIA

La historia de Constantina Sotelo no empieza en una marca, sino en una casa, una aldea y una forma de vivir unida a una tierra desde hace generaciones. Lo que hoy hacemos nace de ahí: de una relación heredada con la viña, del trabajo diario y de una manera de mirar que sigue viva.

Lagar de piedra de la casa familiar de Constantina Sotelo

EL LAGAR DE PIEDRA DE LA CASA DE A BALADA

Una forma de mirar que nace en el siglo XVIII

Nuestra familia lleva más de dos siglos unida a esta aldea. La primera fecha en la que aparece documentada nuestra relación con el vino es 1758, en una escritura familiar en la que ya figuran parras y uno de los lagares de piedra de la casa matriz de A Balada. Lo que hubo antes quizá no quedó escrito, pero sigue presente en la tierra.

Nueve generaciones han vivido ligadas al campo y a la viña. No entendemos ese recorrido como algo excepcional, sino como una continuidad silenciosa, propia de muchas casas del rural gallego, donde la vida, el trabajo y la tierra formaban parte de una misma realidad.

No heredamos una teoría, sino una manera de mirar la viña

Nuestra familia no transmitió métodos escritos ni grandes formulaciones. Lo que pasó de una generación a otra fue algo más difícil de nombrar y más importante de conservar: una forma de detenerse, observar, repetir los gestos con calma y entender que cada viña tiene su propio ritmo.

Aprendimos escuchando el clima, el carácter de cada parcela y la evolución de la planta a lo largo del año. Es una mirada que nace del trabajo y de la presencia, no de la teoría. Y esa mirada sigue guiando hoy la manera en que cuidamos las viñas y acompañamos cada vino.

DETENERSE, OBSERVAR, REPETIR LOS GESTOS CON CALMA

Antes que discurso, campo

Nuestra filosofía no nace de manifiestos. Nace de la vida en el campo. Crecimos entre viñas y tierra, viendo a nuestros mayores trabajar cada día con calma, dedicación y esfuerzo. Ahí aprendimos a entender la viña desde dentro, no como una idea, sino como una forma de vivir.

Venimos del mundo rural. De jugar entre las fincas mientras otros las cuidaban. De aprender ritmos, señales y silencios que no aparecen en ningún libro. Por eso nuestra manera de trabajar no responde a una pose ni a una construcción reciente: responde a una experiencia vivida y repetida durante generaciones.

Constantina Sotelo realizando la vendimia manual en su viñedo de Espadeiro, situado en el paraje "A mIna" de Cambados

CONSTANTINA, EN LA VENDIMIA

02 · LA BODEGA

El vino marca el ritmo.

Hay cosas que no se aprenden solo en los libros ni responden a una regla fija. Vienen de la experiencia, de la observación paciente y de una forma de hacer que ha pasado de generación en generación.

Nosotros atendemos ese ritmo con tiempo, calma y atención, escuchando lo que trae cada cosecha, lo que pide cada momento y lo que el propio vino necesita para llegar con verdad a la botella.

En un pequeño garaje no caben todas las modas.

Ni todas las ocurrencias ni tendencias. Una bodega pequeña obliga a elegir. Dentro de la nuestra conviven barro, acero, cemento, madera y cristal.

Elegimos el recipiente según nuestra experiencia y el paisaje de donde viene la uva, y a veces según lo que ese año nos haya traído. El vino decide el tiempo que necesita, y cuando llega el momento, solo lo movemos en luna menguante y con el cielo despejado.

BARRO

CEMENTO

MADERA

Damajuanas - Constantina Sotelo

CRISTAL

HOY

Lo que hacemos hoy nace de todo lo anterior

Lo que somos hoy no busca separarse de esa historia, sino continuarla. Seguimos trabajando nuestras parcelas con una mirada cercana, lenta y presente, y elaboramos vinos en pequeñas cantidades, como se hizo siempre en la familia, dejando que cada uno encuentre su forma.

El vino empieza en la parcela, mucho antes de la bodega. En nuestro pequeño espacio de elaboración acompañamos ese camino con tiempo, calma y atención, sin artificios ni atajos. No buscamos imponer una forma; buscamos que cada vino llegue a mostrarse con verdad.

Nuestro objetivo es simple: guardar lo que nos cuentan nuestras viñas y compartirlo, cuando llega el momento, en cada botella.